El Automóvil Club Argentino presentó durante el Congreso Americano de la FIA, realizado en Buenos Aires, una nueva versión de su tradicional tótem identificatorio. Pero detrás de esa figura hay mucho más que una señal de marca: nació en los años 30 como un elemento para orientar a los automovilistas, acompañó la expansión de las rutas argentinas y fue declarado Monumento Histórico Nacional en 2017.

Hay imágenes que terminan formando parte del paisaje de un país.

Para varias generaciones de argentinos, encontrarse con el característico “muñeco” del Automóvil Club Argentino al costado de una ruta significaba mucho más que reconocer una estación de servicio. Era una señal de que allí había un lugar donde parar, cargar combustible, recibir asistencia mecánica, consultar un mapa o simplemente continuar el viaje con la tranquilidad de saber que el ACA estaba cerca.

Ese símbolo acaba de volver a escena en Buenos Aires.

Durante el Congreso Americano de la Federación Internacional del Automóvil (FIA), realizado recientemente en la sede central del ACA, fue presentado un nuevo tótem identificatorio, diseñado para recuperar aquella figura emblemática y proyectarla hacia el futuro.

Pero para entender qué representa hay que volver casi 90 años atrás.

Una señal para un país que empezaba a descubrir las rutas

El origen del tótem está relacionado con uno de los momentos de mayor transformación de la movilidad argentina.

En la década de 1930, el automóvil comenzaba a cambiar la manera de recorrer el país y el desarrollo de caminos y rutas nacionales empezaba a darle forma a una nueva geografía.

El ACA, fundado en 1904, tuvo un papel central en ese proceso. En 1936 firmó con YPF un convenio que dio origen a un ambicioso plan para extender estaciones de servicio y asistencia automovilística por todo el territorio.

La primera gran estación de ese programa fue inaugurada en Córdoba el 28 de agosto de 1938. Y allí apareció por primera vez el particular tótem que terminaría convirtiéndose en una de las imágenes más reconocibles del automovilismo argentino.

El objetivo era sencillo y, al mismo tiempo, fundamental: que el automovilista pudiera reconocer el ACA desde lejos.

Por eso la figura fue pensada para funcionar como una verdadera señal de ruta.

Un “muñeco” lleno de significado

La forma del tótem tampoco fue casual.

El diseño desarrollado por Antonio U. Vilar tomó como referencia una señal ferroviaria y terminó transformándose en la silueta de una persona que parece indicar al conductor que debe detenerse.

La figura tiene un brazo extendido, como un agente de tránsito que ordena parar. En el otro aparece una referencia a las horas, mientras que el cuerpo incorpora información vinculada con la red caminera.

En la versión histórica, además, aparecen cuatro círculos, asociados a las cuatro ruedas del automóvil, mientras que la cabeza está representada por la insignia institucional del ACA.

Todo estaba pensado para que el mensaje pudiera entenderse rápidamente desde un vehículo en movimiento.

No hacía falta leer una publicidad ni buscar una dirección.

El “muñeco” decía: acá está el ACA.

Y esa función práctica terminó convirtiéndolo en un elemento profundamente arraigado en la memoria visual de los argentinos.

Del cartel de una estación a un símbolo nacional

El tótem acompañó la expansión de la red del Automóvil Club Argentino durante décadas.

A medida que crecían las rutas y el turismo automotor, la figura comenzó a aparecer en distintos puntos del país. Se convirtió en una referencia territorial y en parte de un sistema de identidad visual que incluía los edificios, las estaciones de servicio, los mapas y la propia señalética del ACA.

El contexto arquitectónico también fue importante.

El Plan ACA-YPF buscó que las estaciones fueran fácilmente reconocibles y que existiera una identidad común entre construcciones ubicadas a cientos o miles de kilómetros de Buenos Aires. La arquitectura moderna, la señalización y elementos como el tótem formaban parte de ese concepto de unidad.

Así, el “muñeco” terminó siendo mucho más que una pieza publicitaria.

Fue una representación del automóvil, el camino, el turismo y la expansión territorial argentina.

Cuando el símbolo se convirtió en patrimonio

El reconocimiento llegó también desde el Estado.

En 2017, mediante el Decreto 637/2017, el Gobierno nacional declaró Monumento Histórico Nacional al edificio de la sede central del Automóvil Club Argentino y, específicamente, a sus dos tótems identificatorios históricos ubicados en el entorno de la sede de Avenida del Libertador.

La declaración es particularmente significativa porque el decreto no protegió únicamente el edificio.

También reconoció el valor patrimonial de esos elementos que, durante décadas, habían funcionado como la identidad visible del ACA en el espacio público.

El propio decreto señala que la sede del Automóvil Club Argentino simboliza el desarrollo alcanzado por la institución y el impulso que tuvo el transporte en el país, asociado al crecimiento de las rutas y al turismo.

En otras palabras: el tótem pasó de ser una señal para los automovilistas a convertirse en un testimonio de una etapa de la historia argentina.

El nuevo tótem, entre la tradición y el futuro

La nueva versión presentada durante el Congreso Americano de la FIA busca recuperar esa identidad en un lenguaje contemporáneo.

Su aparición junto al presidente de la FIA, Mohammed Ben Sulayem, y las autoridades del ACA tuvo además un fuerte contenido simbólico: en un encuentro dedicado a pensar el futuro de la movilidad y del automovilismo, el club volvió a poner en primer plano una de las imágenes que mejor representan su pasado.

Es una suerte de puente entre dos épocas.

El ACA que acompañó al argentino que emprendía un viaje por una ruta de tierra en los años 30 y el ACA que hoy participa de un escenario internacional donde se discuten nuevas tecnologías, seguridad vial, movilidad sustentable y el futuro del automovilismo.

Sin embargo, la presentación también dejó planteado un debate sobre el patrimonio.

El tótem histórico de la sede fue retirado y reemplazado, una decisión que generó cuestionamientos de especialistas en conservación debido a su condición de Monumento Histórico Nacional. El ACA, por su parte, explicó que la pieza presentaba fisuras y problemas estructurales que podían representar un riesgo y que el reemplazo había sido aprobado por su Comisión Directiva.

La discusión excede, entonces, si el nuevo diseño gusta más o menos.

La pregunta de fondo es cómo actualizar una identidad sin perder los símbolos que construyeron esa identidad durante casi un siglo.

Una figura que todavía habla de nosotros

Quizás ahí esté la verdadera importancia del tótem.

En una época en la que las rutas se consultan desde una pantalla y un teléfono puede reemplazar mapas, estaciones de servicio y buena parte de la información que antes necesitaba un viajero, aquella figura conserva algo que la tecnología no puede reproducir fácilmente: memoria.

El “muñeco” del ACA representa el momento en que Argentina empezó a descubrirse sobre cuatro ruedas.

Representa las primeras grandes rutas, los viajes familiares, el turismo, los mapas desplegados sobre el capot, las estaciones de servicio como puntos de encuentro y una institución que durante décadas acompañó ese proceso.

Por eso, cuando un automovilista veía aquel personaje al costado del camino, no estaba solamente encontrando una estación.

Estaba encontrando un pedazo de Argentina en la ruta.

Y casi 90 años después de aquel primer tótem instalado en Córdoba, su figura sigue teniendo algo para decir.

Porque cambian los autos, cambian las rutas y cambia la tecnología.

Pero hay símbolos que, cuando forman parte de la historia de un país, también pasan a formar parte de su paisaje y de su memoria colectiva.

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