La muestra volvió a reunir a miles de fanáticos en el Hipódromo de San Isidro. Los 60 años del Torino, una década del Ford Mustang en Argentina, los vehículos militares, las motos, las lanchas, el arte de Fuel Art, PurSang y el tradicional AutoJumble fueron parte de una exposición que fue mucho más que una colección de autos clásicos.

AutoClásica volvió a convertir los jardines del Hipódromo de San Isidro en un enorme recorrido por la historia del automóvil. Durante cuatro jornadas, la edición 2026 reunió autos, motos, lanchas y otras máquinas históricas, con ejemplares que representan distintas épocas de la industria, el diseño y el automovilismo deportivo. Desde piezas de colección hasta vehículos de competición, la diversidad fue una de las grandes protagonistas de la exposición.

Organizada por el Club de Automóviles Clásicos de la República Argentina, la muestra tuvo varios protagonistas, aunque uno de los grandes atractivos fue la celebración de los 60 años del IKA Torino, un modelo que ocupa un lugar especial en la historia automotriz nacional.

El aniversario tuvo una presencia destacada en distintos sectores del predio, pero el encuentro de los tres Torino originales que participaron de las 84 Horas de Nürburgring de 1969 fue una de esas postales difíciles de repetir. Volver a ver juntas a las unidades que protagonizaron aquella aventura internacional permitió recordar una de las páginas más importantes del automovilismo argentino.

Otro aniversario que tuvo su lugar fue el de los diez años del Ford Mustang en el mercado argentino. El muscle car estadounidense, que comenzó a comercializarse oficialmente en el país en 2016, volvió a demostrar su capacidad para atraer miradas y despertar pasiones entre distintas generaciones.

Autos de colección, competición y mucha historia

Uno de los grandes valores de AutoClásica es la posibilidad de encontrar, a pocos metros de distancia, vehículos que normalmente forman parte de colecciones privadas, museos o circuitos deportivos. Desde automóviles de principios del siglo XX hasta deportivos de distintas décadas, la variedad volvió a ser uno de los puntos fuertes de la exposición.

Entre las máquinas que llamaron la atención hubo autos de competición nacionales e internacionales, réplicas de vehículos emblemáticos del rally mundial y del DTM alemán, deportivos de calle, muscle cars y ejemplares que forman parte de la historia de la industria local.

También tuvieron su lugar los vehículos de la F1 Nacional, una categoría con identidad propia dentro del automovilismo argentino, que permitió acercarse a otra parte de la historia de las carreras en el país.

El Museo Fangio llevó vehículos vinculados con la trayectoria del quíntuple campeón mundial, mientras que otros sectores permitieron reencontrarse con máquinas asociadas a grandes figuras del automovilismo y con diferentes capítulos de la competición nacional.

La presencia de autos de carrera de distintas épocas volvió a demostrar que el patrimonio automotor no se limita a los vehículos de calle: también incluye los desarrollos técnicos, las historias deportivas y las máquinas que construyeron la identidad fierrera del país.

PurSang: recrear las leyendas de otra época

Entre los espacios que merecieron una parada especial estuvo el de PurSang, la empresa argentina propiedad de Jorge Leónidas Anadón, reconocida internacionalmente por fabricar reproducciones de automóviles históricos con un nivel de precisión extraordinario.

Especializada en modelos emblemáticos de Bugatti y otras marcas de principios del siglo XX, PurSang combina ingeniería, trabajo artesanal y conocimiento histórico para recrear vehículos que respetan las formas, los materiales y las soluciones mecánicas de sus antecesores. No se trata simplemente de imitar el diseño de un clásico: el desafío es reproducir su esencia técnica y constructiva.

La firma argentina se ganó un lugar entre los especialistas de todo el mundo gracias a sus trabajos, que permiten volver a disfrutar de máquinas legendarias cuyos ejemplares originales son extremadamente difíciles de conseguir.

Su presencia en AutoClásica representa, además, un motivo de orgullo para la industria artesanal argentina. En una exposición dedicada a preservar la historia del automóvil, PurSang demuestra que esa historia también puede reconstruirse con conocimiento, precisión y pasión, manteniendo vivas algunas de las creaciones más fascinantes de la época dorada del automovilismo.

El Rolls-Royce que tiene una historia ligada al Titanic

Entre los automóviles más singulares de esta edición estuvo el Rolls-Royce Silver Ghost de 1910 perteneciente a la familia Pereyra Iraola, una pieza cuyo valor excede su antigüedad y su estado de conservación.

Su historia está ligada al Titanic: el vehículo iba a viajar en el transatlántico en 1912, pero el viaje de su propietaria, Laura Pereyra Iraola, se canceló porque cursaba un embarazo avanzado y recibió la recomendación médica de no embarcarse. Esa decisión evitó que el automóvil quedara asociado a la tragedia del hundimiento.

Más de un siglo después, el Silver Ghost volvió a captar la atención de los visitantes y recibió el máximo reconocimiento de la exposición, el Best of Show. Una historia extraordinaria para una máquina que hoy forma parte del patrimonio automotor argentino.

Vehículos militares y máquinas que cuentan otra historia

AutoClásica también reservó un espacio para los vehículos militares, una propuesta que suele despertar tanto interés como los automóviles deportivos. Camiones, vehículos de transporte y distintas unidades históricas permitieron acercarse a otra dimensión de la evolución mecánica: la de las máquinas diseñadas para cumplir funciones específicas en contextos muy diferentes a los del uso civil.

La variedad de ejemplares y la presencia de agrupaciones especializadas aportaron una perspectiva distinta dentro de una muestra que reúne mucho más que autos antiguos. En este sector, el valor histórico está ligado tanto a la tecnología como a los acontecimientos y las instituciones que utilizaron estos vehículos.

Las motocicletas clásicas también tuvieron su lugar, con clubes y coleccionistas que exhibieron ejemplares de diferentes épocas y procedencias. Desde modelos clásicos europeos hasta motos de producción nacional, el sector volvió a ofrecer un recorrido propio para los aficionados a las dos ruedas.

Las lanchas completaron la propuesta, llevando la pasión por los motores más allá del asfalto y sumando piezas que también forman parte de la historia del diseño y la mecánica.

Fuel Art: cuando el automóvil se convierte en arte

La cultura del motor también tuvo su expresión artística a través de Fuel Art, el espacio que reúne obras inspiradas en los autos, las carreras, los pilotos y el universo que rodea a la pasión fierrera.

La propuesta sumó una mirada diferente a la exposición: el automóvil no solo como objeto mecánico o pieza de colección, sino también como fuente de inspiración para artistas que encuentran en sus líneas, sus colores y sus historias un lenguaje propio.

La presencia del arte amplía el alcance de AutoClásica y demuestra cómo la cultura automotriz puede vincularse con otras disciplinas, sin perder la esencia que convoca a los fanáticos.

Clubes, encuentros y el tradicional AutoJumble

Como cada año, los clubes fueron parte fundamental de la muestra. Agrupaciones dedicadas a marcas, modelos y especialidades compartieron sus vehículos, intercambiaron experiencias y acercaron sus historias al público.

Clubes de distintas marcas y comunidades de aficionados contribuyeron a mostrar la diversidad del mundo de los clásicos. Detrás de cada stand hay trabajo de preservación, restauración y una comunidad que mantiene vivas máquinas que, en muchos casos, llevan décadas fuera de producción.

Otro de los sectores tradicionales fue el AutoJumble, un punto de encuentro para quienes buscan repuestos, accesorios, manuales, miniaturas, indumentaria, objetos de colección y piezas difíciles de conseguir. Para los restauradores, puede ser una oportunidad para encontrar ese componente que falta; para otros visitantes, una invitación a recorrer puestos llenos de recuerdos y curiosidades del mundo motor.

El espacio vuelve a poner en primer plano una parte esencial de la cultura de los clásicos: conservar un vehículo también requiere conseguir piezas, intercambiar conocimientos y encontrar a otras personas que compartan la misma pasión.

Una muestra que trasciende los autos

AutoClásica 2026 volvió a reunir distintas formas de vivir la historia del motor. Los aniversarios, los autos de competición, las motos clásicas, las lanchas, los vehículos militares, el arte, los clubes, las creaciones de PurSang y el AutoJumble conformaron una propuesta que invitó a recorrer el predio sin necesidad de seguir un orden determinado: cada sector ofreció una historia diferente.

Hay quienes llegan buscando un modelo puntual, quienes quieren reencontrarse con el auto de su infancia y quienes disfrutan descubriendo máquinas que nunca habían visto de cerca.

Y esa es, quizás, una de las mejores características de AutoClásica: cada máquina tiene una historia para contar y cada edición ofrece una nueva oportunidad para descubrirla.

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